Manuel Cuesta en Galileo Galilei (22 diciembre 2014)

Artista: Manuel Cuesta

Lugar: Sala Galileo Galilei (c/ Galileo 100, Madrid)

Fecha: 22 de diciembre del 2014.

manuelcuestagalileo22dicLas tempestades, o tormentas, se dividen en tres etapas: cumulus, etapa madura y disipación.

Manuel Cuesta descargó, con arte y talento, el pasado 22 de diciembre una gran tempestad sobre la Sala Galileo Galilei.Hay tormentas perfectas: el concierto del cantautor sevillano fue una de ellas.

Etapa Cumulus: el sol calienta la superficie de la Tierra durante el día y el calor de la superficie calienta el aire cercano. El aire va ascendiendo hacia el cielo formando una gran nube llamada cumulus.

Eran las 21.30h de la noche cuando Manuel Cuesta salía la escenario de la Sala Galileo acompañado por Manu Míguez. Una gran ovación les recibe. Manuel a la guitarra y Manu Míguez al piano comienzan, canción a canción, a caldear el ambiente. Primero suena Psicología inversa que deja un encarnecido estribillo, que grita “no tengo miedo”, soplando entre las mesas. Le siguen la hermosa canción a la hija de Manuel, Los miércoles y el desayuno , y la Teoría del Caos que sube la temperatura en una sala con un público que corea la letra junto al cantante. Remolinos de notas musicales de un piano que nos trasporta al Chelsea Hotel, canción de Leonard Cohen adaptada por Manuel Cuesta al castellano, y una brisa suave trae flotando al escenario a Jimina Sabadú para cantar, junto al cantautor sevillano, la canción

Amor de importación. Cuando parece que los espectadores han hecho del disfrute una bandera que hondea libre en el viento del concierto, Manuel avisa que es momento de tocar la canción, para mi opinión una de las mejores del disco Cerca de la Tempestad, de la que se ha hecho un videoclip hace unos meses: Azuloscurocasinegro.

Etapa Madura: La nube cumulus se hace muy grande y comienzan a caer gotas de agua desde el cielo. Dentro de la nube las corrientes de aire cargan a ésta de electricidad y comienza la descarga de rayos, truenos y relámpagos.

Si Jimina había ya había abierto el desfile de invitados sobre el escenario, llegaba el turno del gallego César de Centi. El primer relámpago de la tormenta: dos voces potentes, la de Manuel y la de César, cantando la hermosa canción Llévame. Y tras el relámpago el trueno… El camino del trueno. Y tras ello un rayo resplandece en el escenario cuando suben las cuatro integrantes del cuarteto de cuerda que van a acompañar a Cuesta en las próximas tres canciones. Tras ellas es llamado al estrado el poeta Rodolfo Serrano que deleita a los asistentes con dos poemas: “El mundo se van contigo en cualquier momento” y “Cantautores“. Los versos recitados dejan paso a los versos cantados cuando Manuel Cuesta interpreta la canción Estos días basada en un poema del poeta que acaba de bajar del escenario. El público mojado del placer que provoca un buen concierto se seca con aplausos tras cada canción que suena… Si te vas, Báilame el agua, Hoy (junto a Marwan). Otro relámpago sorprende en la noche cuando suenan dos canciones inéditas: una dedicada a la actriz Fiorella Faltoyano, presente entre el público, y otra, tras cantar Viernes enamorado, para la pareja sentimental del mismo Manuel Cuesta. La lluvia de música sigue insistente, y se van formando charcos de recuerdos en la memoria de los espectadores que cantan, aplauden y piropean al cantautor entre sonoros chapoteos de alegría. Y siguen subiendo invitados al escenario: Adán Latonda, para acompañar en el piano a Manuel en la canción de Hoy que te amo de Pablo Guerrero, Joel Reyes en A esta primavera no hay quien la entienda y Diego Ojeda en Tu risa en la alameda.

 

Etapa de Disipación: La tormenta desaparece con una lluvia débil mientras las nubes desaparecen de abajo hacia arriba.

Para finalizar el concierto, que seguramente nadie pueda olvidar en mucho tiempo, Manuel Cuesta llama al escenario a todos los invitados que han ido saliendo durante las dos horas de recital. Entre todos, más Fran Fernandez que también sube ya que estaba entre el público, cantan el villancico Hay una luz.

Acaba la tormenta, la tempestad, con un Manuel pletórico y feliz… y unos espectadores en el mismo estado de emoción que el cantautor sevillano.

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