Gatoperro: del disco en el Juglar al concierto en La Fídula

Del Juglar, en Lavapiés, hasta La Fídula, en la calle Huertas número 57, hay aproximadamente 1 kilómetro de distancia. Del Juglar a La Fídula hay un paseo bonito y agradable por calles vestidas de colores e historias. Del Juglar a La Fídula hay un recorrido repleto de cuestas arriba y cuestas abajo que seguramente nos quite el aliento y nos deje el corazón latiendo a mil por hora. Del Juglar a La Fídula hay un perro ladrándole a tus piernas y un gato observando el mundo impasiblemente desde las pupilas de la ciudad.  Del Juglar a La Fídula hay dos Gatoperros, uno custodiado de ojos y otro repleto de mirada, que resultan ser el mismo. Del Juglar a La Fídula hay una distancia que nos acerca a Gatoperro.

Acaba enero, ese mes tan famoso y temido por su puñetera “cuesta de enero”, pero esta vez lo hace de la mejor manera posible: con un concierto de Gatoperro en La Fídula y con la publicación en los próximos días del disco Juglar. El albúm, el cual en El corazón al viento hemos podido escuchar un adelanto, es un repaso en directo, desde la sala homónima, de algunas de las canciones del trabajo Noches alegres, mañanas tristes, publicado en 2013, más algún que otro tema no editado con anterioridad. Al igual que un amplio escote o un vestido ceñido corto de falda muestran, más bien sugieren, lo que se esconde bajo la tela pero sin destapar publicamente todos los encantos de su protagonista, los nueve tracks que componen Juglar también muestran y sugieren lo que esconde Gatoperro ya no bajo su ropa sino bajo la piel: un poderoso directo. Canciones como Vida de gato, Patricia, La tormenta tropical o Doctores hacen saltar, gritar y convulsionar a cualquiera; la eléctricidad recorre las venas de las guitarras para terminar agitando al oyente, al igual que lo harían dos pechos liberándose de la cárcel de un vestido ceñido con un amplio escote y corto de falda. Y temas como Dé pájaros y cadenas y Moscú, dos letras maravillosas sobre dos buenas músicas, nos invitan a viajar hacia el ensimismamiento del placer; exactamente el mismo viaje que uno sufre cuando ese vestido ceñido con amplio escote y corto de falda cae al suelo dejando explotar el resplandor de un cuerpo desnudo. Y tras la excitación y la intimidad descubierta, sólo queda una silueta en la que recrearse; esa silueta podría ser la canción Beber que cierra el álbum y que creo que, tanto en la esencia del sonido rock que tiene como en su cuidada e irónica letra, es el tema que yo enseñaría a cualquiera que me pregunte quién es Gatoperro.

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Y si defiendo que el directo de Gatoperro, como se podrá escuchar en el disco Juglar, es más que recomendable para cualquier amante de la música, no puedo ocultar mi alegría en decir que hoy, 28 de enero, tenemos la suerte de poder escucharle en La Fídula. A diferencia del concierto grabado en la Sala El Juglar que fue una puesta en escena con banda (guitarra, bajo, teclados y batería), el de hoy será un recital donde Gatoperro defienda sus canciones con la única ayuda de su guitarra. Como decía al principio de esta entrada, si paseamos del Juglar a La Fídula, seguramente lleguemos sin aliento y con el corazón acelerado debido a todas esas cuestas arriba y abajo que tendremos que recorrer; pero si vamos hoy al concierto de Gatoperro es posible que con su montaña rusa de sonidos también se nos acelere el corazón y perdamos el aliento en más de una ocasión. Porque las calles están llenas de historias, pero esta noche en La Fídula, con el escenario ubicado en el recoveco de la sala, de la misma manera que se ubica un secreto en una conciencia, podremos vivir las vidas que nunca tuvimos y que Gatoperro nos hace protagonizar en sus canciones. Huyamos del frío de Madrid con el calor del rock and roll. Dejemos que la de hoy sea una noche alegre pero sin mañana triste.

GATOPERRO en La Fidula. Miércoles 28 de Enero.

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