Chavela Vargas en Concierto | Sala Caracol (Madrid) – 01.05.1993

Hoy se cumplen 3 años desde que Chavela Vargas decidió que era momento de volver a beber junto a José Alfredo Jiménez en la cantina del parnaso. Con la amargura que posaba sobre su lengua cada vez que cantaba una ranchera, Chavela se fue, no sé si del infierno al cielo o del cielo al infierno, dejándonos abandonados y deambulando sin rumbo de la misma manera que ella salía del Tenampa cuando éste cerraba sus puertas bien entrada la madrugada. Estamos condenados a tener sus discos como el que tiene un revolver cargado que en cualquier momento se dispara y su munición atraviesa un corazón. Y es que escucharla nos hace daño porque es un viaje a todo lo que tuvimos y hemos perdido. Pero al mismo tiempo cuando su voz rasga nuestro recuerdo, porque la canción mexicana es el recuerdo de un presente, un escalofrío de alegría nos recorre el pecho y uno sólo quiere brindar, con tequila, por el alma de Chavela Vargas.

Comparto un vídeo maravilloso que he encontrado por youtube con un concierto en la madrileña Sala Caracol el 1 de mayo del año 1993. En el vídeo, perteneciente a un programa de TVE-2, además podemos disfrutar de reflexiones de Chavela, un speech de Pedro Almodóvar, y las palabras del presentador del programa televisivo que introduce el vídeo. De éstas quiero resaltar cuando se dice de Chavela Vargas lo siguiente: «[Chavela Vargas es una] sacerdotisa de lo sublime, […] que logra en cada actuación alcanzar la música fugitiva del tiempo y de lo invisible. Hace sonoros la soledad y el silencio como sólo alcanzan a hacer los santos, los místicos y los poetas.»

En el vídeo se hace referencia a unos versos («cristal de soledad, sol de agonías […] la fiel memoria y los desiertos días») del poeta argentino Jorge Luis Borges. Comparto a continuación el poema, soneto, que los contiene:

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

 

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