Ángel Petisme, Elena Cases y David Martin en Vallecas (18 junio 2016)

Artista: Ángel PetismeElena Cases y David Martin

Lugar: Cerro del Tío Pío “Parque de las Siete Tetas” (Calle de Ramón Pérez de Áyala, 4)

Fecha: 18 junio 2016

 

Caía la tarde en el Parque de las Siete Tetas de Vallecas y en el horizonte la ciudad de Madrid era inundada por un cielo de vino tinto que amenazaba con embriagar la noche. En un improvisado auditorio, la platea era la plaza y los palcos el cesped de alrededor, se eregía un escenario dispuesto a sostener tres conciertos en uno sólo: Ángel Petisme, Elena Cases y David Martin. Los atardeceres desde el Parque de las Siete Tetas son espectaculares, y sí los acompañas con música el efecto es emocionante ya que las canciones consiguen hacer que el ocaso se mantenga por más tiempo… como un telón de teatro que se queda a medio bajar y permite seguir viendo el decorado y casi escuchar el eco de la última frase de la función.

El viento, vientos del pueblo me llevan y me aventan la garganta, comenzaba a soplar por el Cerro del Tío Pío cuando Ángel Petisme, junto a Luis al bajo y Carlos al acordeón, subía al escenario pasados unos minutos de las 21.30h de la noche. El aragonés, y vallecano de adopción, ofreció al público un recital, contra viento y marea, repleto de grandes éxitos (El tranvía verde, Además nos votaréis, Los olvidados…) y algunas versiones de canciones no tan habituales en sus conciertos (La vía láctea, Una vela en la oscuridad…). El acordeón, un instrumento que yo tanto celebro cada vez que lo veo aparecer sobre un escenario, que acompañó a Petisme dió color y profundidad a los temas, vistiendo con mil texturas la desnudez poética de los temas tan líricos del cantautor maño. Tras Ángel, David Martín, que también tuvo que luchar contra el viento que amenazaba la tarde y comenzaba a sugerir a los espectadores que era hora de ponerse una chaqueta, comenzó su recital con un par de temas muy alegres y rumberos para pasar a una faceta de cantautor más intimista y ofrecer al público historias de amor, reivindicación, solidaridad y sufrimiento ajeno compartido. David, con una voz con personalidad, divirtió y arrancó en algún que otro estribillo palmas entre los asistentes, y también trató del asunto de las flechas de Cupido en una canción dedicada a su pareja y la protesta social en sus cantos acerca de la violencia de género. Acabó David Martín su concierto invitando a Elena Cases a cantar junto a él. Y de la misma manera comenzaba Elena su concierto también: invitando a David Martin a cantar junto a ella. Los dos cantautores vallecanos, David y Elena, comparten una amistad personal que se ve reflejada en el escenario en términos de complicidad y sincronización artística. Elena Cases ofreció al público y al horizonte de Madrid una serie de canciones, muchas de ellas con un carácter crítico y reivindicativo, que mantuvieron la emoción entre un público que, presa de un viento que no paraba de soplar, veía como caía la noche y el frío sobre sus aplausos y sus ganas de escuchar.

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La luna era una copa rota. El parque se despedía de cables, escenario y música. Los espectadores iban abandonando el improvisado auditorio tarereando algunas canciones y acariciando con una pequeña sonrisa la tela de sus chaquetas. El viento, harto de protagonismos que nadie le había pedido, se ponía el pijama y llamándose brisa se metía a la cama. Las farolas conquistaban con una tímida tenacidad los secretos que ocupan la medianoche. La palabra había sido habitada. La música había sido hecha horizonte. La tarde-noche había sido comunión y reunión de vecinos. Sucesos, estos tres últimos, que no ocurren muy a menudo y que espero que sean a partir de ahora tónica habitual en este barrio.

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