Marazu en Café Berlín (23 junio 2016)

Artista: Jorge Marazu

Lugar: Café Berlín (Costanilla de los Ángeles 20, Madrid)

Fecha: 23 junio 2016

Leía hace poco en el libro El cazador de historias de Eduardo Galeano que el escritor Ferenc Molnár lanzó al fondo del Danubio las llaves del Café Nueva York de Budapest para que nadie pudiera nunca cerrar sus puertas. El Café Nueva York era, desde su apertura a finales del siglo XIX, el centro de la literatura y de la poesía húngara. Cuando el pasado 23 de junio estaba en el concierto de Marazu en el Café Berlín, pensé que alguien debía imitar a Ferenc Molnár y lanzar al fondo del Manzanares las llaves del Café Berlín. Y así lo pensé, más bien lo imaginé, porque era la primera vez que iba al nuevo Café Berlín desde que a principios de este año 2016 tuvo que cerrar y buscar un nuevo emplezamiento, y me dí cuenta, una vez más, que un lugar con tanto amor por la música en directo no debe echar el cierre nunca. Y en mi película mental en la que un espectador anónimo robaba las llaves del local y las lanzaba al fondo del río de Madrid, también ví que por el camino, entre la consigna donde se guarden las llaves y la orilla del Manzanares, cogía las llaves de la funda de la guitarra de Marazu, de la furgoneta de los músicos e incluso las llaves de las casas de todos los que estaban sobre el escenario y éstas acompañaban, en un manojo brillante y ávido de libertad, a las del Café Berlín al lugar más profundo de las aguas. No quiero que esto se entienda como una apología al vandalismo ni mucho menos; simplemente quiero decir que el 23 de junio, en esa noche llamada a ser la más larga del año y que a mí se me hizo corta, hubiera deseado una duración eterna del concierto de Marazu… en otras palabras: ¡joder, qué bonito canta Marazu!

Se cumplía un año desde el lanzamiento del maravilloso Escandinavia, y el abulense Jorge Marazu quería celebrar tan significativa fecha tendiendo al viento (del público) su talento compositivo en la cuerda de su voz entre los postes de una banda maravillosa. Y secaron las canciones entre acorde y acorde, entre verso y verso, y entre aplauso y aplauso. Y dieron color al paisaje de la noche del Café Berlín, vistieron a los espectadores abrochando el botón de la emoción en cuellos que temblaban al tararear junto a Marazu los estribillos y se rasgaron las camisas, el pecho descubierto, cuando el abulense cantó Miedo. Antes de ese momento, magnífico momento desde mi punto de vista, Marazu cantó temas de Escandinavia como Hiroshima, Haces bien, Tocado y hundido, Escandinavia, Haces bienMedia vuelta junto a Mäbu y Tu tren compartiendo micro con una María Rozalén que entonó maravillosamente bien aunque su interpretación quedara eclipsada por leer de un papel una letra no memorizada. También sonaron canciones de La colección de relojes como Peliculas de ciencia ficción, El rol, Enredadera, Cien por cien, Tu fiebre y Recuerdo crónico; así como las versiones de Ojos de gata de Enrique Urquijo y una intensa copla, Marazu en solitario sobre el escenario con su guitarra, más que bien cantada: La bien pagá.  Tras Miedo, con una sala entregada, se cerraba el concierto con Adiós!.

Se vacíaba la sala, aunque en la puerta había otro centenar de personas que iban a llenarla para asistir al siguiente concierto programado, y quiero pensar que alguien se llevaba las llaves escondidas en el bolsillo. Quiero pensar que podemos volver cualquier día y Marazu seguirá cantando canciones de Escandinavia.

 

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