Con carácter retroactivo para el crowdfunding de Carácter Retroactivo de Esther Zecco

Aviso que esta entrada tiene un claro Carácter Retroactivo, ya que esta entrada está escrita hoy, 5 de octubre, pero empezó a ser escrita, sin saberlo, hace más de cinco meses. Fue un 19 de abril en la calle del Pez, algo tan desmemoriado como un pez da nombre a una calle que me trae tantos recuerdos, cuando comencé a diseñar este texto que ahora lees. Aquella tarde fría de primavera salí de la la boca del metro de Gran Vía, que por cierto los martes de abril por la tarde también está llena de gente, y me encendí un cigarrillo para encaminarme ilusionado hacia el Teatro Alfil. Entre escaparates y tráfico cansado esquivé a mucha gente que caminaba sin un rumbo tan preciso como el mío. Para sobrevivir a tanto tránsito impersonal me refugié de la marabunta en las calles que recogen la sombra de la Gran Vía. Pasé por la puerta de la casa donde vivió el poeta José Martí durante su exilio, ciertamente me encanta que haya una calle que se llame Desengaño justo junto a la calle más importante de Madrid, atravesé la Plaza de la luna y mientras bajaba la Corredera Baja de San Pablo dudé si entrar a El Palentino a tomar una caña al amparo de un espejo gigante. Cuando llegue a la calle del Pez me quedé sorprendido al ver que frente a la puerta del Alfil se congregaba un montón de gente esperando a que comenzara el concierto de Esther Zecco. Era cierto que se preveía un completo en la sala, pero la imagen de la gente esperando me impactó.

El concierto estaba programado para que se grabase el que será el nuevo disco de la cantautora segoviana; y es por ello que yo tenía la idea de que me iba encontrar, implícito al evento, algún que otro momento un tanto tedioso para mí como espectador: ese en que los músicos y los técnicos sincronizan sonidos, tonos, esfuerzos y técnicas… y por tanto no hay canciones. Pero no fue así. El concierto fue un concierto al uso. Es más: un buen concierto. Se repitieron dos temas al final, pero obviando ese hecho que por cierto yo agradecí como bis porque no me quería ir de allí, todo fue sobre ruedas: todo sonaba genial. Parecía la primera vez de algo que ya ha ocurrido por primera vez otras primeras veces. Una ciencia exacta y a la vez inexacta: la música. Esther aparentaba estar tranquila y controlando la situación de tal modo que, por su actitud y serenidad al interpretar las canciones, nos hacía olvidar que aquello era la grabación de un disco. Subieron varios invitados por el escenario: Alejandro Rivera, Fabián, Edu Vázquez y Nina de Juan y le dieron un color especial a una noche ya de por sí coloreada con la explosión de mil pétalos. El repertorio elegido se compuso de canciones ya registradas en los dos discos anteriores, Detrás de la pared y el EP Bandera Blanca, y algunos temas nuevos. La intensidad del concierto recuerdo que me llevó primero, en los temas iniciales, a un estado de introversión e intimidad apacible para ir subiendo el ritmo cardiaco-sensorial (si acaso existe ese ritmo) con temas más intensos, en fuerza y agarre, que crecían con las voces de los invitados (Geografía, Ven, Sácame de aquíEstá bien así), y acabar de nuevo en una intimidad y apacible ensimismamiento con canciones como La raíz o Guerra fría. Tengo ahora mismo al escribir la imagen en mi pupila de Esther Zecco, con su blusa blanca y su guitarra, alumbrando con la personalidad de su voz de ascua (que parece inofensiva con su luz anaranjada pero si la tocas te quema) cada rincón del Teatro Alfil. También tengo la imagen de unos músicos que disfrutaban tocando, no se me olvida la pasión del teclista y por supuesto el siempre maravilloso Manu Clavijo poniéndole todo sentimiento a la música, y de un público que celebraba cada canción y que aplaudía a cada invitado con una energía envidiable. Aquella noche el esfuerzo de mucho gente hizo que todo quedara a pedir de boca, y así con mi boca digo ahora que tengo ganas, con carácter retroactivo, de tener entre mis manos el disco Carácter Retroactivo.

Y al salir del Alfil… bueno pues un montón de gente (tantos como a la entrada una hora y pocos minutos antes) comentando que qué buen concierto, que cómo había sonado, que qué sorpresa tal invitado… y así un montón de etcéteras. Y yo que sonrío, enciendo un cigarrillo y me voy por la calle del Pez guardando en la memoria aquel concierto, mirando de reojo el interior del Bar El Palentino con su espejo gigante y buscando la Gran Vía entre sus calles adyacentes. Aquella noche del 19 de abril, entre bocanada y bocanada del lucky strike, pensé que hay artistas que no necesitan espejos gigantes para reflejarse en mil destellos, que los grandes nombres impresionan pero siempre me seguirán gustando más las calles menos conocidas y llenas de historias (aunque algunas merezcan ser grandes avenidas) y que los rumbos que se confunden entre las multitudes y los escaparates llegan a destinos muy hermosos. Y así, hoy, con carácter retroactivo dudo si hablo de calles o de artistas, de multitudes o de intimidades, o si el humo de aquellos cigarrillos fueron el resultado del fuego de un sentimiento consumado.

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Quedan pocos días para que acabe la campaña de crowdfunding de Carácter Retroactivo…. ¡vamos a darle un empujón! Invito a todos los lectores de El corazón al viento a participar. Aquí el enlace:

http://www.verkami.com/projects/15678-caracter-retroactivo-nuevo-disco-de-esther-zecco

 

 

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